Gobierno y comunidades acuerdan un plan contra el abandono escolar
J. A. AUNIÓN - Madrid - 15/11/2008
Hasta hace poco más dos siglos, la infancia y la adolescencia constituían los periodos evolutivos de transición, de cambio, en torno a los cuales giraban las investigaciones sobre los procesos de aprendizaje y de desarrollo, siendo la edad adulta aquella etapa reservada a la producción laboral y al mundo del trabajo.
El inicio y desarrollo de la demanda de formación de las personas adultas se debe, entre otros factores, a un hecho socialmente tan relevante como la Revolución Industrial que obligó, a los trabajadores a aprender a adquirir tanto habilidades instrumentales básicas, como ciertos conocimientos que mejorasen la producción laboral a la que se dedicaban. De esta forma nacieron las escuelas nocturnas que ayudaron a paliar el analfabetismo de los obreros.
¿Cuál es la finalidad de educación de personas adultas? ¿Ha sido este tipo de formación abordado por la administración con el mismo rigor y dedicación que otros niveles de la enseñanza? ¿Cuáles son los motivos reales de demanda formativa de las personas adultas?
La evolución de la complejidad social y de la actividad laboral, ha exigido la planificación y desarrollo de iniciativas no enfocadas únicamente a la formación compensatoria del adulto, sino a enfrentarnos a un reto más amplio, donde la formación es parte de la totalidad de la vida como tiempo de formación.
Esta necesidad formativa en las personas adultas puede estar justificada, entre otros, por aspectos relacionados con la estructura organizativa de la propia sociedad, la gran aceleración en la demanda de destrezas necesarias para el desarrollo del trabajo como consecuencia del crecimiento científico y tecnológico, la crisis de valores colectivos o los vertiginosos cambios de aprendizaje en los que el individuo se ve inmerso y a los que debe dar respuesta dominando nuevas destrezas y habilidades.
Si la educación de adultos tuvo como prioridad inicial la superación del analfabetismo, ya que el no tener adquirida esta competencia básica en lectoescritura suponía la marginación del sujeto a la información escrita, y por tanto, su lejanía de la cultura, hoy en día, los términos alfabetización-analfabeto, se han metaforizado y se habla de un analfabetismo técnico, científico o artístico, con lo que este concepto más que aludir a una falta de competencia en un campo determinado, pasa a significar la condición misma de incompetencia, cualquiera que sea su naturaleza (García Carrasco,1997).
Junto a esta necesidad formativa surgen, desde la perspectiva social, diferentes formas de entender la Educación de Adultos. ¿Consideran las distintas sociedades al adulto como un sujeto de aprendizaje?
Toda sociedad construye su propia concepción sobre educación en base a ciertos cánones por los que se estima que los individuos, deben incorporar a sus comportamientos determinados patrones de conducta compartidos por los grupos, (normas, actitudes, o conocimientos), así como destrezas que posibiliten su participación en el trabajo (García Areito, 1995).
Por otro lado, ciertos enfoques sobre educación estiman que los vínculos de dependencia y aprendizaje característicos del ser humano, son especialmente importantes y se manifiestan durante la infancia, por lo que se presupone que las épocas más idóneas para el desarrollo de acciones de formación son la infancia y la adolescencia.
Desde esta perspectiva, la persona adulta, al igual que en otras especies, no es considerada, tanto un sujeto en formación, como un sujeto de alguna forma “terminado”, “ya formado”, que pertenece a un grupo activo.
Por todo ello, resulta habitual establecer contraposiciones entre tiempo de formación y tiempo de ocupación, entre etapa de formación y etapa de trabajo, o entre población en formación o población activa, otorgándole a la persona adulta los límites de la “intencionalidad” de los sistemas de formación planificados formalmente.
Tradicionalmente los sistemas educativos no han considerado a la persona adulta como sujeto destinatario de sus concepciones y planificaciones. Los diseños de sistemas de enseñanza no han tenido en cuenta al adulto como un sujeto “aún en formación”.
No obstante, el cambio acelerado que se produce en todos los órdenes sociales en la actualidad y que hacen que continuamente cambien la concepciones sobre habilidades , destrezas, conocimientos, etc., ha hecho que el sector referido a la educación y formación de personas adultas haya sido integrado en el discurso educacional , donde este tipo de educación pasa a perder el calificativo de genuina para esta etapa de la vida ,para entenderla como un proceso vital que se desarrolla a lo largo de la vida (García Carrasco, 1997; págs. 2- 3), apareciendo conceptos como “educación permanente”, “educación a lo largo de la vida”, o “educación continua”.
Extraído de: ftp://tesis.bbtk.ull.es/ccssyhum/cs147.pdf
El aprendizaje de una nueva lengua puede ser una actividad apasionante y plena de desarrollo personal. Puede ser una obligación cuando forma parte de un currículum de estudios, pero también es una necesidad de primer orden para amplios grupos de población que, por distintas razones, tienen que vivir y trabajar o estudiar en un país con una lengua distinta de la propia. En este sentido, se puede entender la lengua y su aprendizaje como un instrumento de desarrollo personal y de transformación social. El conocimiento y uso de una segunda lengua (L2) permite introducir cambios sustanciales en las propias condiciones de vida, acceder a la información y, en consecuencia, actuar sobre el entorno.
Sin embargo, la enseñanza de idiomas no siempre recoge adecuadamente las necesidades y aspiraciones de estos colectivos de ciudadanos. Por prejuicios y estereotipos sociales, los inmigrantes suelen quedar al margen de los programas tipo de enseñanza de lenguas, porque se tiende a considerar que no tienen ni la formación, ni los recursos económicos de los estudiantes convencionales de idiomas. La imagen negativa del inmigrante como un sujeto con múltiples carencias hace que no se destaquen, suficientemente, sus necesidades lingüísticas.
Cuando se caracteriza al estudiante inmigrante, los componentes socioeconómicos y culturales suelen ser los aspectos más marcados. De esta forma se suelen obviar las variables contextuales que determinan el modo en el que se aprende y se usa una L2 en contacto directo con la comunidad de habla de dicha lengua. Esta situación plantea las suficientes exigencias comunicativas como para que la enseñanza/aprendizaje de L2 necesite disponer de descripciones lingüísticas precisas sobre el uso de la lengua en esos contextos.
La investigación en este campo proporciona herramientas que permiten identificar y seleccionar contenidos lingüísticos, diseñar secuencias didácticas, programas y materiales adaptados a las necesidades de los estudiantes inmigrantes.
No obstante, ni la investigación ni la didáctica pueden avanzar si no se parte de los trabajos ya realizados. Facilitar el acceso a parte de dichos trabajos es el objetivo de este portal. Pretendemos poner a disposición de profesores, investigadores y estudiantes una selección de trabajos, documentos y recursos didácticos que sirvan para iniciarse en el estudio de L2 o para profundizar en el conocimiento de algunos de sus componentes básicos.
La enseñanza y aprendizaje de una nueva lengua pueden ser actividades apasionantes de conocimiento y acercamiento entre individuos de distintas culturas y procedencias. Para nosotros son también instrumentos que nos permiten intentar cambiar el mundo en el que vivimos. Esperamos que esta iniciativa resulte útil para todos aquellos en quien hemos pensado y, sobre todo, contribuya a mejorar la enseñanza de segundas lenguas a los trabajadores inmigrantes y sus familias.
Extraído de: http://www.segundaslenguaseinmigracion.es/
LA EDUCACIÓN DE ADULTOS
Malcolm Knowles, considerado el padre de educación de adultos, introdujo la teoría de andragogía, el arte y la ciencia de ayudar a los adultos a aprender. Tenía la creencia de que los adultos necesitan ser participantes activos en su propio aprendizaje.
Knowles daba por entendido que los adultos aprenden de forma diferente a los niños y que los profesores deberían usar un proceso diferente para facilitar tal aprendizaje. Como una persona madura, el adulto manifiesta estas características:
¿Qué es el estudio autodirigido?
En su sentido más amplio, el término estudio autodirigido describe un proceso en el cual un individuo toma la iniciativa (con o sin ayuda de terceros) de:
Salvando las distancias, al menos, la mitad pueden servirnos aquí en Murcia.
Desde el 21-11-07 |
Actualizada el 11-03-10 |



