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sábado 22 de noviembre de 2008

Educación de adultos para repescar a los jóvenes que abandonan sin graduarse en ESO.

Según el artículo, publicado en el País:
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Educación multiplica las vías para repescar a los jóvenes sin la ESO
Gobierno y comunidades acuerdan un plan contra el abandono escolar
J. A. AUNIÓN - Madrid - 15/11/2008
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El abandono educativo temprano en España es de los más altos de Europa: lo dejan después de la enseñanza obligatoria el 31% de los jóvenes, la mayoría porque no consiguió el título más básico, el de ESO. Las administraciones están de acuerdo en que es un problema de Estado -que está estancado, según el PSOE, y que crece, según el PP- y en que las soluciones pasan por medidas para prevenir el fracaso, pero también por flexibilizar y multiplicar las alternativas al sistema ordinario para reenganchar a los jóvenes que acaban de tirar la toalla. El empeño es que las alternativas no se vean como puertas falsas para conseguir los títulos, sino que quede claro que se mantiene la exigencia en cada escalón del sistema, independientemente del camino seguido para alcanzarlo.
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Así, entre las propuestas y recomendaciones del plan contra el abandono educativo temprano que están elaborando las comunidades y el Ministerio de Educación, y que será discutido en una reunión el próximo jueves, está la de aumentar notablemente los Programas de Cualificación Profesional Inicial (PCPI) o la oferta de programas intensivos, con clases extra y de refuerzo, para sacarse la ESO en la educación de adultos en menos tiempo del habitual (en la mayoría de las comunidades son dos cursos). Cada comunidad autónoma tendrá que fijarse un objetivo concreto de reducción del abandono en su territorio.
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Extraído de:

¿Qué es la educación de adultos? Responde la UNESCO

Así comienza el documento del mismo título, de Juan Ignacio Martínez de Morentin de Goñi:
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Se tiende a situar el concepto educación de adultos entre los límites de un proceso educativo desarrollado con personas adultas. Sin embargo, éste no es el único ámbito de la educación de adultos.

La educación es educación de adultos; para ser adultos. La educación es crecer en madurez.
Este principio es válido en cualquier etapa de la vida. La educación es educación con niños, con jóvenes, con adultos y con mayores con vistas al logro de una identidad responsable nunca definitivamente alcanzada. Aunque los niveles de responsabilidad varíen, lo que permanece inalterable es que la respuesta ha de ser siempre convincente y convenientemente comprometida.

Cuando la UNESCO se esfuerza en lograr el objetivo que la constituye, que es la educación internacional para la paz, lo hace urgiendo que en todas las etapas de la vida este propósito sea tan serio, adulto y maduro como las circunstancias lo reclamen. Para la UNESCO, no existe proceso educativo si no puede percibirse la apropiación paulatina de valores que garanticen una convivencia pacífica.

Educación de adultos es sinónimo de toda educación. Ambas expresiones -educación de adultos o educación a secas- indican lo que se persigue: la apropiación de un espíritu capaz de transformar el interior en todo tiempo y lugar.

La presente obra ofrece una visión de conjunto de las resoluciones y decisiones de las conferencias generales y del Consejo Ejecutivo de la UNESCO sobre educación de adultos desde 1946 hasta 2005.
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Podéis leer el texto íntegro en el siguiente enlace:

miércoles 30 de abril de 2008

La educación de personas adultas como fenómeno educativo

Hasta hace poco más dos siglos, la infancia y la adolescencia constituían los periodos evolutivos de transición, de cambio, en torno a los cuales giraban las investigaciones sobre los procesos de aprendizaje y de desarrollo, siendo la edad adulta aquella etapa reservada a la producción laboral y al mundo del trabajo.

El inicio y desarrollo de la demanda de formación de las personas adultas se debe, entre otros factores, a un hecho socialmente tan relevante como la Revolución Industrial que obligó, a los trabajadores a aprender a adquirir tanto habilidades instrumentales básicas, como ciertos conocimientos que mejorasen la producción laboral a la que se dedicaban. De esta forma nacieron las escuelas nocturnas que ayudaron a paliar el analfabetismo de los obreros.

¿Cuál es la finalidad de educación de personas adultas? ¿Ha sido este tipo de formación abordado por la administración con el mismo rigor y dedicación que otros niveles de la enseñanza? ¿Cuáles son los motivos reales de demanda formativa de las personas adultas?

La evolución de la complejidad social y de la actividad laboral, ha exigido la planificación y desarrollo de iniciativas no enfocadas únicamente a la formación compensatoria del adulto, sino a enfrentarnos a un reto más amplio, donde la formación es parte de la totalidad de la vida como tiempo de formación.

Esta necesidad formativa en las personas adultas puede estar justificada, entre otros, por aspectos relacionados con la estructura organizativa de la propia sociedad, la gran aceleración en la demanda de destrezas necesarias para el desarrollo del trabajo como consecuencia del crecimiento científico y tecnológico, la crisis de valores colectivos o los vertiginosos cambios de aprendizaje en los que el individuo se ve inmerso y a los que debe dar respuesta dominando nuevas destrezas y habilidades.

Si la educación de adultos tuvo como prioridad inicial la superación del analfabetismo, ya que el no tener adquirida esta competencia básica en lectoescritura suponía la marginación del sujeto a la información escrita, y por tanto, su lejanía de la cultura, hoy en día, los términos alfabetización-analfabeto, se han metaforizado y se habla de un analfabetismo técnico, científico o artístico, con lo que este concepto más que aludir a una falta de competencia en un campo determinado, pasa a significar la condición misma de incompetencia, cualquiera que sea su naturaleza (García Carrasco,1997).

Junto a esta necesidad formativa surgen, desde la perspectiva social, diferentes formas de entender la Educación de Adultos. ¿Consideran las distintas sociedades al adulto como un sujeto de aprendizaje?

Toda sociedad construye su propia concepción sobre educación en base a ciertos cánones por los que se estima que los individuos, deben incorporar a sus comportamientos determinados patrones de conducta compartidos por los grupos, (normas, actitudes, o conocimientos), así como destrezas que posibiliten su participación en el trabajo (García Areito, 1995).


Por otro lado, ciertos enfoques sobre educación estiman que los vínculos de dependencia y aprendizaje característicos del ser humano, son especialmente importantes y se manifiestan durante la infancia, por lo que se presupone que las épocas más idóneas para el desarrollo de acciones de formación son la infancia y la adolescencia.

Desde esta perspectiva, la persona adulta, al igual que en otras especies, no es considerada, tanto un sujeto en formación, como un sujeto de alguna forma “terminado”, “ya formado”, que pertenece a un grupo activo.

Por todo ello, resulta habitual establecer contraposiciones entre tiempo de formación y tiempo de ocupación, entre etapa de formación y etapa de trabajo, o entre población en formación o población activa, otorgándole a la persona adulta los límites de la “intencionalidad” de los sistemas de formación planificados formalmente.

Tradicionalmente los sistemas educativos no han considerado a la persona adulta como sujeto destinatario de sus concepciones y planificaciones. Los diseños de sistemas de enseñanza no han tenido en cuenta al adulto como un sujeto “aún en formación”.

No obstante, el cambio acelerado que se produce en todos los órdenes sociales en la actualidad y que hacen que continuamente cambien la concepciones sobre habilidades , destrezas, conocimientos, etc., ha hecho que el sector referido a la educación y formación de personas adultas haya sido integrado en el discurso educacional , donde este tipo de educación pasa a perder el calificativo de genuina para esta etapa de la vida ,para entenderla como un proceso vital que se desarrolla a lo largo de la vida (García Carrasco, 1997; págs. 2- 3), apareciendo conceptos como “educación permanente”, “educación a lo largo de la vida”, o “educación continua”.

Extraído de: ftp://tesis.bbtk.ull.es/ccssyhum/cs147.pdf

martes 15 de abril de 2008

Segundas lenguas e inmigración

El aprendizaje de una nueva lengua puede ser una actividad apasionante y plena de desarrollo personal. Puede ser una obligación cuando forma parte de un currículum de estudios, pero también es una necesidad de primer orden para amplios grupos de población que, por distintas razones, tienen que vivir y trabajar o estudiar en un país con una lengua distinta de la propia. En este sentido, se puede entender la lengua y su aprendizaje como un instrumento de desarrollo personal y de transformación social. El conocimiento y uso de una segunda lengua (L2) permite introducir cambios sustanciales en las propias condiciones de vida, acceder a la información y, en consecuencia, actuar sobre el entorno.

Sin embargo, la enseñanza de idiomas no siempre recoge adecuadamente las necesidades y aspiraciones de estos colectivos de ciudadanos. Por prejuicios y estereotipos sociales, los inmigrantes suelen quedar al margen de los programas tipo de enseñanza de lenguas, porque se tiende a considerar que no tienen ni la formación, ni los recursos económicos de los estudiantes convencionales de idiomas. La imagen negativa del inmigrante como un sujeto con múltiples carencias hace que no se destaquen, suficientemente, sus necesidades lingüísticas.

Cuando se caracteriza al estudiante inmigrante, los componentes socioeconómicos y culturales suelen ser los aspectos más marcados. De esta forma se suelen obviar las variables contextuales que determinan el modo en el que se aprende y se usa una L2 en contacto directo con la comunidad de habla de dicha lengua. Esta situación plantea las suficientes exigencias comunicativas como para que la enseñanza/aprendizaje de L2 necesite disponer de descripciones lingüísticas precisas sobre el uso de la lengua en esos contextos.

La investigación en este campo proporciona herramientas que permiten identificar y seleccionar contenidos lingüísticos, diseñar secuencias didácticas, programas y materiales adaptados a las necesidades de los estudiantes inmigrantes.

No obstante, ni la investigación ni la didáctica pueden avanzar si no se parte de los trabajos ya realizados. Facilitar el acceso a parte de dichos trabajos es el objetivo de este portal. Pretendemos poner a disposición de profesores, investigadores y estudiantes una selección de trabajos, documentos y recursos didácticos que sirvan para iniciarse en el estudio de L2 o para profundizar en el conocimiento de algunos de sus componentes básicos.

La enseñanza y aprendizaje de una nueva lengua pueden ser actividades apasionantes de conocimiento y acercamiento entre individuos de distintas culturas y procedencias. Para nosotros son también instrumentos que nos permiten intentar cambiar el mundo en el que vivimos. Esperamos que esta iniciativa resulte útil para todos aquellos en quien hemos pensado y, sobre todo, contribuya a mejorar la enseñanza de segundas lenguas a los trabajadores inmigrantes y sus familias.


Extraído de: http://www.segundaslenguaseinmigracion.es/

miércoles 9 de abril de 2008

Andragogía

LA EDUCACIÓN DE ADULTOS


Malcolm Knowles, considerado el padre de educación de adultos, introdujo la teoría de andragogía, el arte y la ciencia de ayudar a los adultos a aprender. Tenía la creencia de que los adultos necesitan ser participantes activos en su propio aprendizaje.


Knowles daba por entendido que los adultos aprenden de forma diferente a los niños y que los profesores deberían usar un proceso diferente para facilitar tal aprendizaje. Como una persona madura, el adulto manifiesta estas características:

  • El auto-concepto. En contraste a la dependencia de niños, los adultos tienen una necesidad psicológica profunda para la educación autodirigida. Resienten y se resisten a las situaciones en que el educador y el diseño encajonan a los aprendices en un papel dependiente como de niños. Su autoconcepto se mueve de uno de ser una personalidad dependiente hacia uno que es guiado por voluntad propia.
  • La experiencia. Los adultos han acumulado una riqueza de experiencias que sirven como un recurso de aprendizaje, así como también una amplia plataforma para la cual relacionar aprendizaje nuevo.
  • La prontitud en aprender. Los adultos están dispuestos a aprender cosas que necesitan saber o poder hacer para cumplir con su papel en la sociedad, como de trabajador, esposo, padre, etc. Su prontitud en aprender se orienta cada vez más para la tarea en el desarrollo de sus papeles sociales. En otras palabras, no trate de enseñarles los principios de buena composición; enséñeles a escribir una carta comercial efectiva.
  • La orientación para aprendizaje. Los niños tienen una orientación centrada en materias para el aprendizaje; los adultos tienen una tendencia a tener una orientación centrada en problemas. Esto es, los niños dominan con maestría contenido para pasar un curso o ser ascendidos para el siguiente grado; los adultos buscan las habilidades o el conocimiento que necesitan aplicar para los problemas de la vida real que confrontan. Su perspectiva del tiempo cambia, de alguien que pospone la aplicación de conocimiento a alguien que busca la inmediatez de aplicación.
Knowles añadió una quinta suposición: Los adultos están más motivados para aprender por los factores internos, la autoestima elevada, por ejemplo, que por recompensas externas como aumentos de paga y ascensos. Daba por entendido que los adultos aprenden de manera diferente que los niños y que los educadores deberían usar un proceso diferente para facilitar tal aprendizaje.



El Estudio Autodirigido
Malcom Knowles
en: “Andragogía: el aprendizaje de los adultos”, Oxford University Press, 2001



¿Por qué estudio autodirigido?

Hay un hecho trágico: en la mayoría de los casos, lo único que sabemos, la única experiencia educativa que tenemos, es que se nos enseñe; no hemos aprendido a estudiar. ¿Por qué digo que eso es trágico? Por dos tipos de razones: inmediatas y de largo plazo. Una razón inmediata es que hay pruebas convincentes de que quienes toman la iniciativa al estudiar (estudiantes proactivos) aprenden más y mejor que quienes se quedan pasivamente escuchando al docente, esperando que les enseñen (estudiantes reactivos). Los primeros entran en el proceso de estudio con objetivos más claros y una motivación mayor. También suelen retener y utilizar mejor -y durante más tiempo- lo que aprenden.
Otra razón inmediata es que el estudio autodirigido está más de acuerdo con nuestro proceso natural de desarrollo psicológico. Cuando nacemos, somos seres totalmente dependientes. Necesitamos que nuestros padres nos protejan, nos alimenten, nos lleven de un lado a otro, tomen decisiones por nosotros. A medida que crecemos y maduramos se desarrolla en nosotros una necesidad psicológica, cada vez más profunda, de independizarnos; primero, del control paterno, y después del control de nuestros maestros y de otros adultos. Un aspecto esencial del proceso de maduración es el desarrollo de la capacidad para asumir una responsabilidad creciente por nuestras propias vidas, la capacidad de autodirigirnos cada vez más.
Una tercera razón inmediata consiste en que la mayor parte de los nuevos sistemas e ideas que se aplican en la educación (los nuevos programas, la enseñanza abierta, los colegios sin división por grados, los centros de recursos, el estudio independiente, los programas de estudios no tradicionales, las “universidades sin muros”, y otros sistemas similares) asignan a los estudiantes una responsabilidad muy pesada: la de asumir una buena dosis de iniciativa por sus propios estudios. Los alumnos que ingresen en tales programas sin haber adquirido la capacidad de investigación autodirigida sufrirán ansiedades, angustias y a menudo fracasos y lo mismo les ocurrirá a sus profesores.
Sin embargo, hay una razón de largo plazo para afirmar que es una tragedia que no sepamos cómo aprender cuando no nos enseña; probablemente ésta tenga más peso que todas las razones inmediatas juntas. Alvin Toffler la ha denominado el “shock del futuro”. La mera verdad es que estamos entrando en un mundo nuevo y extraño, cuya única característica estable será el cambio acelerado. Para la educación y el estudio, esta sencilla verdad tiene varias consecuencias de gran importancia.
Por un lado, implica que ya no podemos definir el objetivo de la educación como “transmitir lo que se sabe”; no sería realista. En un mundo en el cual la vida media de muchos hechos (y capacidades) puede no exceder de diez años, la mitad de lo que una persona haya aprendido a los veinte años resultará obsoleto cuando cumpla los treinta. Por tanto, el propósito fundamental de la educación debe ser desarrollar la capacidad de investigación. Cuando una persona termina el colegio o la universidad, no sólo debe tener una base de conocimientos adquiridos en el proceso de sus estudios sino, lo que es más importante, debe tener la capacidad de seguir adquiriendo nuevos conocimientos con facilidad y competencia durante el resto de su vida.
Una segunda consecuencia es que debemos modificar nuestras ideas sobre la educación. En general, para nosotros la educación es “lo que ocurre en el colegio o universidad”, es decir, “que nos enseñen”. Para adecuamos al mundo nuevo y extraño que nos espera, debemos convencernos de que estudiar es lo mismo que vivir. Debemos aprender de todos nuestros actos; debemos aprovechar toda experiencia como una “experiencia de estudio”. Cada institución de nuestra comunidad (oficina pública, comercio, centro recreativo, templo) se convierte en un recurso para nuestro aprendizaje, así como cada persona con la que tengamos contacto: padre o madre, hijo, amigo, proveedor de servicios, médico, maestro, compañero de trabajo, supervisor, sacerdote, empleado de tienda, etcétera. Aprender implica utilizar cada recurso, dentro o fuera de una institución educativa, para nuestro crecimiento y desarrollo personal.
Otra consecuencia: ya no es correcta correspondencia entre educación y juventud. En la época de nuestros abuelos, una persona podía aprender en sus años mozos la mayor parte de lo que necesitaría saber por el resto de su vida; hoy eso ya no es cierto. Debemos definir la educación - mejor, el estudio-como un proceso que dura toda la vida. Durante la juventud, la enseñanza básica tendrá que consistir en la adquisición de la capacidad de investigar; una vez terminado el colegio, el estudio se centrará en adquirir el conocimiento, la capacidad, la comprensión, la actitud y los valores que necesitaremos para adaptarnos a un mundo que cambia con tanta rapidez. En resumen, el “por qué”, la razón del estudio auto dirigido radica en la supervivencia: tu propia supervivencia como individuo y la supervivencia de la raza humana. Es obvio que no estamos hablando de algo que sería simplemente bueno o deseable, ni de una nueva moda educativa. Estamos refiriéndonos a una capacidad básica del ser humano, la de aprender por sí mismo, que de pronto se ha convertido en una condición imprescindible para vivir en este nuevo mundo.


¿Qué es el estudio autodirigido?

En su sentido más amplio, el término estudio autodirigido describe un proceso en el cual un individuo toma la iniciativa (con o sin ayuda de terceros) de:

  • diagnosticar sus necesidades educativas,
  • formular metas para su estudio,
  • identificar los recursos humanos y materiales necesarios,
  • elegir y poner en práctica estrategias de estudio adecuadas y
  • evaluar los resultados de esa actividad.

En la literatura educativa se pueden encontrar otros rótulos para describir este proceso: estudio autoplaneado, método de investigación, aprendizaje independiente, autoeducación, autoinstrucción, autoenseñanza, autoestudio y aprendizaje autónomo. El problema de la mayoría de estos rótulos es que parecen indicar un estudio en soledad, en tanto que el estudio autodirigido se lleva a cabo, por lo general, con ayuda de diversas clases: profesores, tutores, maestros, personas que manejan recursos educativos, compañeros de estudios. En un grupo de estudiantes autodirigidos se crea una intensa relación mutua.


Dos enfoques de la educación.

Quizá nos resulte más claro el sentido cabal del estudio autodirigido si lo comparamos con su contrario, al cual nos hemos referido en la lectura anterior como el método por el cual “se nos enseña”. Para que ambos términos sean paralelos, llamaremos a este último “estudio dirigido por maestros”.
De paso, vale la pena señalar que el cuerpo teórico y práctico sobre el que se basa el estudio dirigido por maestros se suele llamar pedagogía (del griego: paid, niño, y agogus, dirigente, el que dirige). Se ha definido la pedagogía como el arte y la ciencia de enseñar, pero su tradición radica en la enseñanza a los niños. El cuerpo teórico y práctico sobre el que se basa el estudio autodirigido se ha dado en llamar andragogía (de la forma combinatoria andr del término griego aner, hombre). Definiremos por tanto la andragogía como el arte y la ciencia de ayudar a los adultos a que aprendan (o, mejor que adultos, digamos seres humanos en proceso de maduración).Estas definiciones no implican que haya que enseñar a los niños pedagógicamente y a los adultos andragógicamente. Ambos términos sólo distinguen entre dos conjuntos de supuestos acerca de los estudiantes; el profesor que adopte uno de esos grupos de supuestos enseñará pedagógicamente, ya sea que trabaje con niños o con adultos, y el que adopte el otro grupo lo hará andragógicamente, sean sus alumnos adultos o niños. En realidad, muchas de las innovaciones actuales en materia educativa, como la enseñanza abierta, las escuelas que no se dividen en grados, los laboratorios de aprendizaje, las escuelas comunitarias y los programas de estudio no tradicionales, se basan en supuestos andragógicos con respecto a alumnos niños y jóvenes.
El estudio dirigido por maestros supone que el educando es, en esencia, una personalidad dependiente, y que corresponde al profesor decidir qué y cómo se le debe enseñar; en cambio, el estudio autodirigido supone que la capacidad (y la necesidad) del ser humano de dirigirse a sí mismo es un componente fundamental del proceso de maduración, y que se debe estimular esa capacidad para que se desarrolle tan rápido como sea posible.
El estudio dirigido por maestros supone que como recurso para el aprendizaje, la experiencia del alumno vale menos que la del profesor y la de quienes elaboran los textos y materiales por consiguiente, según este enfoque es responsabilidad del maestro lograr que los recursos elaborados por los expertos se transmitan al estudiante. En cambio al estudio autodirigido supone que las experiencias del alumno se convierten en un recurso cada vez más rico para el aprendizaje, que debe aprovecharse al mismo tiempo que la ayuda de los expertos.
El estudio dirigido por maestros supone que los alumnos adquieren la aptitud de aprender cosas distintas en diferentes niveles de maduración y que por tanto, los integrantes que un grupo dado de estudiantes estarán en condiciones de aprender las mismas cosas una vez que lleguen a determinado nivel. Por el contrario, el estudio autodirigido supone que, cada individuo va adquiriendo la aptitud de aprender lo necesario para llevar a cabo las cambiantes tareas que le exige la vida, o para resolver más adecuadamente sus problemas vitales y, por consiguiente que cada persona estará lista para aprender cada cosa según pautas individuales y algo diferentes a las de los demás.
En el estudio dirigido por maestros se parte de la base de que los alumnos encaran la educación orientándose por temas (es decir, consideran que aprender es acumular temas o asignaturas) y que, por tanto, las experiencias de estudio deben organizarse por unidades según su contenido o su tema. En el estudio autodirigido, en cambio, se supone que esta orientación es resultado de un condicionamiento escolar previo y que la tendencia natural es enfocar tareas o problemas; en consecuencia, las experiencias educativas deberían organizarse como proyectos para realizar una tarea o resolver un problema (es decir, como unidades de investigación).
El estudio dirigido por maestros supone que el impulso de aprender es una respuesta a recompensas o castigos externos, tales como títulos, diplomas, premios y el temor al fracaso. El autodirigido supone que el estudiante está motivado por incentivos internos, que pueden ser la necesidad de ser estimado (sobre todo, la de estimarse a sí mismo), el deseo de alcanzar una meta, el impulso de crecer, la satisfacción de cumplir un objetivo, la necesidad de aprender algún tema específico, y la curiosidad.
Al reflexionar acerca de estos dos conjuntos de supuestos, ¿no se te ha ocurrido que ambos pueden ser ciertos? ¿Que no todo el estudio dirigido por maestros es necesariamente malo, y que no todo el autodirigido es necesariamente bueno? Es indudable que hay situaciones educativas en las que en verdad somos dependientes (como cuando abordamos un área de investigación totalmente nueva y extraña para nosotros); en las que nuestra experiencia tiene, de hecho, muy poco valor (cuando, por ejemplo, carecemos por completo de ella en el área de la investigación); en las que nuestra capacidad de aprender está realmente determinada por nuestro nivel de maduración con respecto al tema de estudio; en las que resulta correcto que nos orientemos a acumular conocimientos sobre un tema o una asignatura, y en las que efectivamente estamos motivados por presiones externas.
Quizá la diferencia entre la educación pedagógica y andragógica no radique tanto en los distintos supuestos subyacentes en la teoría y en la práctica de una y otra, sino en la actitud de los estudiantes. Si los estudiantes autodirigidos reconocen que hay ocasiones en que necesitan que se les enseñe, entrarán en esas situaciones de estudio “enseñando” con una actitud intelectual de búsqueda, de exploración, y las aprovecharán como recursos sin dejar de dirigirse a sí mismos.

Texto extraído de:

http://mipagina.cantv.net/vmendillo/Educacion_adultos.htm

Alfabetización y Español para inmigrantes: Materiales para las clases

Se trata de 18 unidades didácticas elaboradas por Carlos Bernal del CEPA "Los Barrios (Cádiz) disponibles tanto para su decarga inmediata como para su compra en forma de libro, editado por EDEBÉ.

Los títulos de las unidades didácticas son los siguientes:
  1. “Conoce tu pueblo” (I).
  2. “Comamos bien para estar sanos. Los alimentos de Andalucía”.
  3. “Conoce tu pueblo” (II).
  4. “El adulto frente al consumo” (I).
  5. “El adulto frente al consumo” (II).
  6. “Monográfico para una sesión sobre La Constitución Española de 1978”.
  7. “La comarca del Campo de Gibraltar”.
  8. “La provincia de Cádiz”.
  9. “Historia de Andalucía”.
  10. “La comunidad autónoma andaluza” (I).
  11. “La comunidad autónoma andaluza” (II).
  12. “El Estatuto de Autonomía de Andalucía”.
  13. “¡Cuidado con los medicamentos!”
  14. “El cuerpo humano: funciones vitales. El aparato digestivo”.
  15. “El aparato respiratorio”.
  16. “El aparato circulatorio”.
  17. “El aparato excretor”.
  18. “El adulto y el tráfico”.
  19. “El ecosistema: La protección de la naturaleza”.

Salvando las distancias, al menos, la mitad pueden servirnos aquí en Murcia.


Estos materiales se encuentran en forma de documentos individuales en formato PDF accesibles desde la dirección siguiente:

http://www.edebedigital.com/proyectos/4833/
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